Me cansé de seguir ese camino, me cansé de ir cuesta arriba con un peso en la espalada que hace que seguir una línea recta sea imposible. No te imaginas no, no te imaginas cuanto duele contar minutos, horas, días, años esperando que algún día todo este dolor y esta soledad se vayan. No sabes lo que se siente buscar métodos por todas partes para poder volver a vivir. No lo voy a negar, también tengo mis momentos felices. Pero aún tengo esas manchas indelebles que impregnan a mí alma que me convierten a menudo en un ser diferente al que era. No cambie demasiado, en realidad, nada ni nadie tiene la posibilidad de cambiar, quizás mejoramos o empeoramos, pero tengo la esperanza de que hay una parte de mí que siempre va a ser igual, indestructible, duradera y única. Una parte que me hace ser quien soy, a pesar de todo. Hay días en que la soledad me encuentra desprevenida y ni siquiera las lágrimas me acompañan. Los ojos ya me duelen y para qué mentir, ya no tengo ganas de llorar, nunca soluciono nada. Al igual que todo, sea lo que sea que intente, todo este dolor que me consume está aquí adentro. Guardado en el alma y especialmente en el corazón, hace años. Como si finalmente hubiera encontrado su propio hogar y nunca se quisiera ir. Y me veo frente al espejo, con el mismo rostro con el que me miré ayer, anteayer y todos los días anteriores. Con la misma sonrisa fingida y rota, con los mismos ojos mentirosos, con el cuerpo pesado que llevo a rastras mientras los demás caminan erguidos. ¿Cómo puede ser que el tiempo pase tan rápido y a la vez se vuelva lento? Ilógico. Pero sé que más de uno por acá me entiende. Es como que la vida se nos está yendo, incluso en este preciso instante mientras escribo, mientras vos, persona desconocida estás leyendo esto. Perdemos segundos, minutos, perdemos vida cada momento. Pero yo aprendí algo, somos los únicos que podemos decidir qué hacer con ese tiempo que nos fue dado, que sigue pasando, y pasa y pasa… Podemos elegir vivirlo al máximo, podemos sonreírle a la vida mientras nos escupe en la cara, o podemos quedarnos estancados en ese pozo oscuro, muriendo cada día un poquito más. ¡Y qué se yo! Hoy no tengo ganas ni de pensar. El dolor sigue acá, y la soledad me acompaña. La esperanza hay días que se esfuma, pero sin embargo continúo caminando, aunque por más de que intente ir en línea recta, el camino se curve y las calles interminables lleven todas a los mismos sitios...
P.D: descarga emocional, como verán. Estaba bajo control, pero hay situaciones que llegan hasta tal punto que me hacen explotar; y como siempre, tengo una lapicera y un papel, para expresarme.... Y necesitaba decirlo por acá también.