Hay veces que preferiría no escuchar tu voz en el preciso instante en
que cierro los ojos. Pero cada vez que me encierro en mi mundo,
inevitablemente te haces presente sin invitación y sin avisar. Hay veces
que preferiría haberte dado mucho
menos. Es tan triste suponer que perdí el tiempo a tu lado, aunque
perder el tiempo sea tan relativo. ¿Se pierde el tiempo? Puesto en esas
palabras parece algo que se posee, cuando sé que es intangible. Hay
veces que preferiría que no haya ni canciones ni palabras que te traigan
a mi cabeza. Es más, podría decirte que llegan a desacomodar mi
equilibrio. Equilibrio hecho a fuerza de golpes, pero equilibrio al fin.
No por nada es el que hoy me está manteniendo en pie. Pero no. Resulta
que reincidís y me doy cuenta que estoy hecha de recuerdos, que se
clavan en mí y destilan veneno. Recuerdos que son tan inevitables como
dolorosos, que no logran abandonarme. Si tuviese que pedir un deseo,
pediría que no hubieses siquiera existido. Porque lo que existe, deja
una marca, por imperceptible que parezca. Y lo que marca, no se borra
más.
