
A
veces puedo llegar a un punto en el que te extraño tanto que puedo
escuchar el eco de tu voz en mi cabeza. Y puedo escuchar el sobrenombre
que usabas para llamarme, las palabras que utilizabas para hablarme. He
memorizado tu risa, tu sonrisa y esa manera tonta de verme. También
puedo sentir tus brazos alrededor de mi y no los quiero dejar ir a pesar
de que sé que es sólo una ilusión. Cada vez que
suena el teléfono, sonrío, porque creo que me estás llamando (por fin). Cada vez que escucho tu nombre, mi corazón late 100 veces más rápido y,
a veces, no puedo hasta respirar. Sabía que mirando hacia atrás con mis
lágrimas llenando mi vista me harías reír, pero nunca supe que mirar
hacia atrás riendo también me podría hacer llorar de nuevo. Todo lo que
quiero es ir atrás en el tiempo, no al día que te ví por primera vez,
quiero ir pasado… cuando no eramos nada, absolutamente nada el uno para
el otro, sólo extraños. Pero no importa qué haga, eres abnegación.
Oculto mis sentimientos para que nadie lo sepa. Pongo una sonrisa falsa y
no dejo salir una sola lagrima. Estoy tan acostumbrado a ocultar mis
sentimientos que nunca me doy cuenta del dolor que me estoy causando a
mí misma. Mis pensamientos se vuelven invisibles. Sin embargo todavía
están ahí, pero nadie lo sabe. Al igual que una carta de amor que nunca
entregué. Y que no está dañando a nadie sino a mí mismo