lunes, 6 de febrero de 2012

Ayer pasé por cierto lugar.

Los recuerdos me inundaron mientras contemplaba el sitio donde una noche fui feliz bajo la suave brisa del viento y el cielo inmenso iluminado por tenues y tímidas estrellas. No me hundí... No, pero tenía tantas ganas de gritar que ni se me oyó en aquel silencio.

Necesito olvidar todo eso. Necesito volver a ser aquella que se cerraba al mundo y no dejaba que el dolor la consumiera poco a poco.


No quiero verte, no quiero oírte ni escucharte, no quiero sentirte, no quiero recordar, no quiero saber nada de ti ni siquiera si eres feliz, si te ahogas, si ríes o lloras. NADA. Y no, lo siento por ti y tus ansias de conocer pero no dejaré que tú sepas nada de mí, no dejaré que te cuenten si sufro, si salto, si lloro, si le sonrío al mundo, si no quiero ser aquella que conociste. Lo negaré todo. Todo lo que una vez viví o sentí. Qué mas me da si ni siquiera era cierto.
Y así, de golpe, me da igual si te preocupo, me da igual si sigo siendo importante en tu patético mundo. Ya tienes reemplazos, ¿no? Pues aprovecha.
No me... importa.
No me importa.

Vete. ¡Largo!


Pronto. Muy pronto te aseguro que ya no quedará nada de ti en mí.



Adiós.


Quién sabe si nos volveremos a encontrar.